Mariana Couto1, Alberto Bernués1, Paula Gaspar-García4, Joseba Lizarralde2, Juan Manuel Mancilla-Leytón3, Nerea Mandaluniz2, Daniel Martín-Collado1, Yolanda Mena3, Eduardo Morales-Jerrett3, Alicia Prat-Benhamou1
1 Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón e Instituto Universitario de Investigación Mixto Agroalimentario de Aragón.
2 Neiker Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario.
3 Universidad de Sevilla.
4 Universidad de Extremadura.
El sector ganadero se encuentra expuesto a diferentes retos, esperados e inesperados, consecuencia de cambios globales. La pandemia de COVID-19 y la guerra de Ucrania son ejemplos de cómo crisis totalmente inesperadas pueden impactar el funcionamiento de un sector productivo. Ante estas crisis, suelen aplicarse diferentes estrategias para reforzar la resiliencia, es decir, la capacidad para continuar produciendo carne, leche y otros productos. Sin embargo, no todas las estrategias son siempre efectivas.
En este artículo, se presentan algunos resultados de un estudio cuyo objetivo fue identificar los impactos, las estrategias implementadas y los aprendizajes adquiridos tras lambas crisis. El estudio abarca cuatro regiones con sistemas ovinos y caprinos distintos, ofreciendo una visión amplia de lo ocurrido en España: de aptitud láctea, el caprino en Andalucía, el ovino en el País Vasco y Navarra, y el ovino y caprino en Extremadura; de aptitud cárnica el ovino en Aragón. Las opiniones y puntos de vista desarrollados en este artículo se basan en los intercambios de ideas mantenidos durante entrevistas realizadas entre octubre de 2024 y mayo de 2025 a 18 ganaderos/as, técnicos de organizaciones sectoriales y representantes de la administración de los cuatro casos de estudio.
Las crisis del COVID-19 y la guerra de Ucrania impactaron de forma generalizada en el sector ovino y caprino en España, aunque con distinta duración e intensidad. La crisis del COVID-19 impactó principalmente durante el confinamiento (de marzo a junio de 2020). Durante este tiempo se interrumpieron los canales de venta, cayó drásticamente la demanda, sobre todo en restauración y en carne de cordero y cabrito (variación semestral 2019-2020 del -55% según el Panel de Consumo Alimentario), y se frenaron y paralizaron entregas de leche y animales.
Tras el desconcierto inicial y una vez superada la fase más dura del confinamiento, se abrió una coyuntura favorable en los mercados internacionales que recuperó rápidamente la demanda y, además, la desescalada favoreció el turismo interno impulsando la venta directa.
En contraste, los impactos de la guerra de Ucrania fueron más prolongados y se tradujeron en un fuerte encarecimiento de las materias primas y suministros, como el precio del pienso de cebo de cordero aumentó entorno a un 42% entre 2019 y 2022. Esta situación golpeó con especial dureza a las ganaderías más dependientes de estos insumos, como el caprino lechero sin base territorial en Andalucía.
El desgaste prolongado llevó en los casos más extremos al cierre de algunas explotaciones.
Desde la administración central, el MAPA impulsó en ambas crisis estrategias que se centraron en el apoyo económico y en la flexibilización administrativa para tramitar las ayudas. En la crisis del COVID-19, las experiencias revelaron que había limitaciones burocráticas, resultando un proceso lento y complejo. Esto desincentivó a algunos solicitantes que afirmaban que las ayudas “no compensaban”. En Extremadura, la Consejería de Cultura, habilitó una web de venta directa, que llegó a albergar 220 ganaderías y permitió comercializar a nivel autonómico y estatal. La iniciativa fue desactivada al finalizar la desescalada. Esta medida resultó especialmente innovadora al implicar a las instituciones en la venta de productos y fomentar la capacidad de adaptación del sector a las nuevas tecnologías y canales de comercialización. En cuanto a la guerra de Ucrania, y quizás tras el aprendizaje de la experiencia anterior, el acceso a las ayudas fue más ágil y sencillo.
Algunas CCAA añadieron líneas propias, como los acuerdos de País Vasco y Navarra para garantizar la alimentación animal ante la subida de los precios, sin embargo, tuvieron poca acogida en el sector ovino-caprino.
Además, de forma coyuntural, se sumaron ayudas vinculadas a la sequía y la excepción ibérica para la reducción del IVA en la electricidad.
Las organizaciones sectoriales se centraron en desarrollar estrategias que facilitaban la comercialización de los productos y en dar facilidades a sus ganaderos/as asociados para garantizar la rentabilidad de sus explotaciones. Durante la COVID-19, respondieron con campañas de promoción, refuerzo de los servicios técnicos, y fortalecimiento de los canales de comunicación y comercialización. Se lanzó una campaña estatal de promoción de cordero junto con el MAPA que fue considerada eficaz mientras duró.
En el País Vasco y Navarra se reforzó la campaña publicitaria de queso Idiazabal y en Andalucía de producto caprino (#YoNoRompoLaCadena). En Aragón, buscaron nuevos mercados exteriores y se aseguró la recogida de animales y el pago a los ganaderos/as.
Esta garantía de precios y costes fue valorada como una medida esencial para aportar liquidez y reducir la incertidumbre, a diferencia de otros casos donde se recogieron los productos sin tener un precio estipulado para el/la ganadero/a. Paralelamente, los servicios técnicos reforzaron su papel de acompañamiento y facilitaron la comunicación y el acceso a la información. Durante la guerra de Ucrania, las estrategias se enfocaron más en contener costes y reducir la dependencia de insumos comprados.
Las estrategias adoptadas por ganaderos/as variaron según la crisis y el tipo de producción, pero se centraron principalmente en ajustar la alimentación y la mano de obra. Durante la COVID-19, todas las explotaciones tuvieron que implementar una reorganización interna para mantener la actividad y proteger la salud, reorganizando turnos de trabajo y reforzando la bioseguridad. Algunas cooperativas recomendaron modificar el calendario reproductivo ante la falta de recogida de leche por parte de la industria, una medida que en algunos casos provocó desajustes prolongados.
Las explotaciones con venta directa orientaron sus esfuerzos a diversificar tanto los productos producidos como los canales de distribución para sostener la actividad: venta online, pedidos por WhatsApp, reparto a domicilio o refuerzo de acuerdos comerciales. También ajustaron la producción elaborando queso para evitar problemas de almacenaje, destinando el excedente a la venta como leche. No obstante, estos casos fueron puntuales, ya que la comercialización de queso se recuperó rápidamente.
Durante la guerra de Ucrania, las estrategias se centraron en reducir costes de producción: optimización de la alimentación, mayor uso de pastos propios, diversificación alimentaria, gestión del desvieje y medidas de ahorro energético como el uso de placas solares. Por ejemplo, en el caso del ovino de carne de Aragón se minimizó el consumo de pienso de los corderos adelantando su la entrada al cebadero.
El sector de ovino y caprino español demostró capacidad de diseñar estrategias que permitieron sortear los efectos de las crisis. Las diferencias territoriales muestran que no hay soluciones únicas, sino una diversidad de estrategias que responden a las condiciones locales y a los recursos disponibles. La planificación estratégica, la autonomía productiva y la coordinación entre eslabones de la cadena se perfilan como claves para el futuro.
La COVID-19 puso de relieve la vulnerabilidad del sector ante el cese repentino del consumo fuera de los hogares y puso en valor de la cooperación a nivel local y regional.
También se puso en evidencia la dependencia de la exportación para mantener la rentabilidad de las ganaderías, especialmente en el caso del ovino de carne. La pandemia aceleró la digitalización y mostró la necesidad de diversificar canales de venta, fortalecer la comunicación interna en el sector y planificar mejor ante crisis, aunque algunos aprendizajes se perdieron rápido.
La guerra de Ucrania, en cambio, mostró la elevada dependencia de insumos externos de algunos sectores ganaderos y la necesidad de ganar autosuficiencia en alimentación y energía.
También recordó la importancia de mantener estructuras organizadas y estrategias conjuntas a nivel estatal y europeo, adaptando el sistema sin perder su esencia.
La pandemia de la COVID-19 y la guerra de Ucrania evidenciaron la fragilidad del sector ovino y caprino frente a disrupciones externas y la necesidad de reforzar sus capacidades de respuesta. Ambas crisis mostraron la necesidad de combinar medidas de estabilidad inmediata con acciones estructurales orientadas a fortalecer la resiliencia a largo plazo.
Las administraciones deben avanzar hacia un diseño de ayudas adaptadas a la realidad del sector y orientadas a objetivos estratégicos como la diversificación de recursos y productos, y la reducción de la dependencia externa. Las organizaciones sectoriales tienen un papel clave en la articulación de respuestas colectivas, promover marcos de cooperación estable y avanzar en la planificación estratégica. Por su parte, los/as ganaderos/as deben reforzar la viabilidad de sus explotaciones mediante prácticas adaptadas a su entorno ambiental y socioeconómico, y que incrementen su autonomía.
A la luz de estos aprendizajes, la resiliencia del sector solo podrá consolidarse mediante una estrategia integrada, sostenida y compartida entre todos los actores, tanto a nivel estatal como europeo.
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