José Manuel Domínguez
Técnico de Ganadería de la Unión Regional de Cooperativas Agrarias de Castilla y León (Urcacyl)
A finales del siglo XX, los pequeños rumiantes en España enfrentaban un reto fundamental: la adopción del ordeño mecánico. Durante décadas, el ordeño manual limitaba severamente la productividad y la calidad de la leche, obligando a los ganaderos a incrementar exponencialmente su carga laboral. El desarrollo de máquinas de ordeño adaptadas a las características fisiológicas de ovejas y cabras, particularmente en los años setenta y ochenta, fue revolucionario. El paso del ordeño manual al mecánico permitió triplicar la productividad del trabajo de los operarios.
La modernización no fue únicamente sobre volumen. La adopción de máquinas de ordeño bien reguladas y la implementación de sistemas de limpieza y desinfección fueron esenciales para prevenir mastitis y mejorar significativamente la calidad microbiológica de la leche. La normativa comunitaria en materia de higiene (especialmente los Reglamentos CE 852/2004, 853/2004 y 854/2004) estableció requisitos estrictos que, lejos de debilitar al sector, lo consolidaron como productor de leche de calidad.
Las guías de prácticas correctas de higiene desarrolladas en España permitieron a las granjas adaptarse a un marco regulatorio exigente sin sacrificar competitividad. La trazabilidad, el control de células somáticas, los criterios microbiológicos y la gestión sanitaria integraron este tipo de producciones en una cadena de alto valor.
Durante la primera modernización (1990-2010), las tecnologías disponibles fueron las siguientes:
En los últimos cinco años, el sector ha tenido acceso a innovaciones sin precedentes:
El éxito relativo del sector en las décadas de 1990 y 2000 no fue espontáneo. Las administraciones, con cofinanciación europea (fondos Feader del Programa de Desarrollo Rural), movilizaron recursos significativos en forma de ayudas a la modernización de las granjas. Estos programas fueron diseñados con visión sectorial:
Desde aproximadamente 2015-2020, el panorama cambió drásticamente. Los precios de la leche se han mantenido deprimidos, generalmente, mientras que los costes de producción (energía, alimentación, mano de obra) se multiplicaron. Esta brecha imposible entre ingresos y gastos ha generado una cascada de abandonos.
En paralelo, la inversión en modernización se ha detenido prácticamente. Las granjas, muchas de ellas construidas en los años 90-2000, alcanzan la madurez tecnológica sin reinversión. Los sistemas de ordeño envejecen, los ordenadores para registros se quedan obsoletos, y las soluciones IoT y IA que están transformando la ganadería en otras especies permanecen prácticamente inaccesibles por su coste y por la falta de apoyo crediticio.
La historia del sector de la leche en los pequeños rumiantes ofrece una lección clara: la modernización fue, en su momento, una herramienta de transformación que permitió triplicar la productividad, mejorar la calidad, crear empleo y posicionar a España como potencia láctea. Aquellos programas de ayuda a la modernización no fueron gastos públicos, sino inversiones que generaron retornos multiplicadores en empleo rural, fijación de población y patrimonio productivo.
Hoy nos encontramos en una encrucijada. Las innovaciones tecnológicas disponibles (IA, IoT, sensores avanzados, automatización inteligente) tienen el potencial de revolucionar nuevamente el sector, aumentando la eficiencia, reduciendo la carga laboral y permitiendo granjas más sostenibles y rentables.
Es imperativo que las administraciones estatales y autonómicas, en coordinación, lancen un nuevo ‘Plan de Modernización del Ovino y Caprino’ mediante intervenciones sectoriales específicas o figuras similares.
La modernización de los años 90 y 2000 convirtió a estos sectores en motores de desarrollo. La tecnología disponible hoy es más potente, pero sin apoyo público coordinado, permanecerá inalcanzable. No podemos permitirnos el lujo seguir perdiendo más granjas, ni de devolver la responsabilidad de la modernización únicamente al mercado. Un nuevo paquete de ayudas, diseñado con la misma visión estratégica que caracterizó el pasado reciente, es no solo deseable, sino urgentemente necesario para salvaguardar un patrimonio productivo, un ecosistema rural y miles de empleos que dependen del ovino y del caprino.
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