Abner A. Rodriguez Carias
Catedrático de la Universidad de Puerto Rico - Recinto de Mayagüez
08/09/2026Puerto Rico es una isla del Caribe situada entre el océano Atlántico y el mar Caribe, en la región tropical del hemisferio occidental. Cuenta con una superficie aproximada de 9.100 km² y una geografía diversa que incluye zonas montañosas, valles costeros y áreas semiáridas, especialmente en la región sur. Estas características, junto con un clima cálido durante todo el año, favorecen la producción agropecuaria y, en particular, la crianza de caprinos. Históricamente, Puerto Rico fue colonia española desde finales del siglo XV hasta 1898, cuando pasó a ser territorio de Estados Unidos. En la actualidad, su condición de Estado Libre Asociado influye en las políticas agrícolas, las regulaciones sanitarias y el acceso a programas federales de apoyo al sector. Este contexto ha permitido el desarrollo de sistemas productivos que combinan prácticas tradicionales con tecnologías modernas, promoviendo una agricultura más resiliente y sostenible.
La crianza de caprinos en Puerto Rico cuenta con una larga tradición y ha estado históricamente —y en gran medida aún lo está— vinculada a sistemas artesanales, de subsistencia o incluso de carácter recreativo en explotaciones familiares. Tradicionalmente, los animales se han manejado en sistemas de baja inversión, en sistemas extensivos de pastoreo de gramíneas tropicales naturalizadas y aprovechando otros recursos locales disponibles. La producción se ha destinado principalmente al autoconsumo y a la venta directa de productos artesanales, como quesos frescos, otros derivados lácteos y, en menor medida, jabones y carne, consumida principalmente en forma de fricasé.
En los últimos años, el sector caprino ha mostrado un crecimiento sostenido, impulsado por la diversificación agrícola, el aumento del consumo de productos caprinos, especialmente lácteos, y el interés por sistemas de producción más sostenibles. Los caprinos, gracias a su capacidad de adaptación a las condiciones tropicales, constituyen una alternativa viable para pequeños y medianos productores. Además, su eficiencia en el aprovechamiento de forrajes y su integración en sistemas agroecológicos consolidan su papel dentro de la agricultura sostenible.
La producción de leche caprina ha ido en aumento y destaca por su transformación en quesos artesanales, yogures y otros productos derivados. Su comercialización se realiza principalmente en mercados agrícolas locales, restaurantes y mediante venta directa. No obstante, este subsector aún requiere mayor inversión en infraestructura, manejo sanitario y control de calidad. Predominan razas de origen europeo como Alpina, Saanen y Toggenburg, junto con Nubian y La Mancha, además de diversos cruces adaptados a las condiciones locales.
En el ámbito cárnico, la producción caprina constituye una de las actividades más tradicionales. El consumo de carne de caprino, que continúa preparándose en forma de fricasé, forma parte de la cultura gastronómica local, aunque comienza a observarse una mayor demanda de cortes comerciales. Sin embargo, su desarrollo sigue siendo limitado, con predominio de sistemas de traspatio y canales de comercialización poco estructurados. Predominan animales criollos o cruzados, junto con la incorporación de la raza Boer para mejorar el crecimiento y el rendimiento en canal.
En caprinos para carne, los sistemas productivos son, en su mayoría, extensivos o semiintensivos, combinando el pastoreo de pasturas tropicales naturalizadas con suplementación, especialmente en periodos de sequía. También existen explotaciones en régimen de estabulación que utilizan raciones completas, generalmente orientadas al mejoramiento genético y a la venta de ejemplares como pie de cría.
Desde el punto de vista sociocultural, destaca la celebración anual del Festival del Cabro, que reúne a productores, agroempresarios y público general, y sirve como plataforma para la promoción de productos derivados, genética caprina y actividades educativas.
A pesar de este crecimiento, la industria caprina en Puerto Rico continúa caracterizándose por explotaciones de pequeña escala y manejo familiar. Muchos productores combinan esta actividad con otras producciones agrícolas. Entre los principales retos destacan el elevado costo de los concentrados, la variabilidad climática y la incidencia de eventos extremos como sequías y huracanes, así como la necesidad de fortalecer la infraestructura de procesamiento y comercialización. No obstante, estas limitaciones han favorecido el desarrollo de sistemas más resilientes, basados en el uso eficiente de los recursos locales, el pastoreo, la producción artesanal con valor añadido y la crianza de ejemplares para empresas alternativas como animales para exhibición y pie de cría.
En conjunto, la producción caprina en Puerto Rico presenta importantes oportunidades económicas y sociales, contribuyendo a la seguridad alimentaria, la diversificación productiva y el desarrollo sostenible del medio rural.
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