“En ocasiones se dan por aceptables tasas de infertilidad o aborto que no deberían asumirse”

Entrevista a Antón Esnal de la Presa, director técnico de Analítica Veterinaria

Redacción Interempresas29/06/2021
Los problemas reproductivos son uno de los grandes problemas que tienen que afrontar las explotaciones de ovino, ya que produce pérdidas económicas directas e indirectas. Por lo tanto, una adecuada prevención y un correcto diagnóstico de los patógenos implicados puede minimizar esas pérdidas y subir los índices de fertilidad.
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Antón Esnal.

En términos generales, ¿qué relación tiene la sanidad con la reproducción en la especie ovina?

Hay patologías relacionadas directamente con la reproducción, como es el caso de los abortos. Otras relacionadas de forma más sutil, como las alteraciones metabólico-nutricionales, que provocan una reducción de la fertilidad en general. Y, por último, podemos afirmar que cualquier estado patológico o de déficit de salud (enfermedades víricas y parasitarias, condiciones adversas en bienestar animal, malnutrición por exceso o defecto…) supone un empeoramiento de los índices reproductivos.

¿Cuáles son las principales patologías que afectan a la reproducción en ganado ovino?

Las patologías son múltiples. Las más evidentes son los abortos, tanto infecciosos como no infecciosos. Entre los primeros, tenemos procesos de transmisión horizontal entre animales, como el aborto enzoótico, la Fiebre Q o el virus Border, pero también de transmisión a partir del alimento contaminado, como es el caso de Toxoplasma, Listeria o Salmonella. Por otro lado, tenemos problemas de infertilidad, tanto ligados a las hembras como a los machos. En estos últimos, y al margen de factores de manejo como los ratios hembras/semental o la fatiga reproductiva, podemos tener problemas de baja calidad seminal de origen genético, epididimitis contagiosas u otras enfermedades venéreas como tricomoniasis o campilobacteriosis. Las enfermedades nutricionales, fundamentalmente de tipo carencial, son también importantes, principalmente en las fases tempranas de la gestación, aunque causa también de muerte fetal tardía, como es el caso del bocio congénito. Sin olvidar la toxemia de gestación, causa tanto de muertes fetales como de las propias madres.

¿Cuáles son las consecuencias productivas y económicas de estas patologías? ¿Se puede correr el riesgo de que pasen desapercibidas en las explotaciones?

En el ovino de carne, la consecuencia es directa al frustrarse el objeto mismo de la producción, que es el cordero. En el caso del ovino lechero, la consecuencia fundamental tanto de una baja fertilidad como del aborto es el incremento de los días improductivos en el conjunto del rebaño, tanto por la permanencia de animales fuera de lactación como del alargamiento de las lactaciones con una producción láctea por debajo del umbral de rentabilidad. En el caso de los abortos, diversos estudios establecen un coste mínimo de 150 euros por hembra abortada. Los fallos reproductivos raramente pasan desapercibidos, salvo en sistemas muy extensivos y sin apenas manejo reproductivo. Lo que sí puede ocurrir es que se den por aceptables tasas de infertilidad o aborto que tal vez no deban asumirse, o se presenten abortos sin que éstos sean investigados a nivel etiológico con el fin de establecer planes preventivos. Lo que puede ocurrir también sin un buen diagnóstico de gestación es que no sepamos en qué fase se ha producido el problema: fallo de concepción, reabsorción embrionaria, aborto temprano…

¿Qué aspectos sanitarios que influyen en la reproducción deben monitorizarse? ¿Cómo puede hacerse?

Desde el punto de vista infeccioso, los controles que pueden realizarse con carácter preventivo son numerosos. Desde los controles sanitarios y cuarentena en la compra de animales con el fin de evitar la entrada al rebaño de nuevas enfermedades reproductivas, hasta el chequeo de enfermedades durante la recría y precubrición. Para establecer el calendario vacunal, se pueden realizar chequeos serológicos con el fin de evaluar la circulación e incidencia de determinados patógenos. Estos chequeos pueden servir para incorporar nuevas vacunas, para adelantar la pauta vacunal respecto a la fase en la que se verifican los primeros contagios, o incluso para descartar la vacunación en colectivos en los que se confirme, para ciertas enfermedades, una inmunización natural elevada.

Otro aspecto a monitorizar es la sanidad de los machos. La incidencia de enfermedades reproductivas en los carneros es mayor de la que tendemos a pensar. Y estos procesos incluyen enfermedades limitantes de la fertilidad como la epididimitis producida por agentes como Brucella ovis o Actinobacillus seminis, así como otras enfermedades de trasmisión venérea y que afectan a la reproducción como Trichomonas o Campylobacter. Aunque los muestreos entrañan más dificultad, de igual forma que analizamos laboratorialmente los abortos, deberíamos conocer, en algunos casos por serología y en otros por análisis seminal o lavado prepucial, la incidencia de estos agentes en los sementales del rebaño.

El control microbiológico de los alimentos es también importante pues es fuente de agentes abortivos como Salmonella o Listeria. La implantación de un código de buenas prácticas en el manejo de la alimentación debe incluir controles microbiológicos periódicos de alimentos, en especial de materias primas más sensibles como los ensilados, así como del agua, principalmente cuando ésta no provenga de la red de saneamiento público.

Y finalmente, se pueden realizar evaluaciones del estado nutricional y metabólico de los animales antes, durante e inmediatamente después de la gestación. Dos de los aspectos fundamentales serían controlar la funcionalidad hepática y los niveles de cuerpos cetónicos a nivel sanguíneo, con el fin de detectar precozmente estados de cetosis subclínica que pueda derivar finalmente en toxemia y/o muerte fetal. Y también es interesante descartar estados carenciales de minerales o vitaminas de importancia reproductiva como el selenio.

En este sentido, ¿qué papel juega el diagnóstico laboratorial? ¿Qué importancia tiene localizar el patógeno concreto que está implicado en los problemas de una explotación ovina?

Refiriéndonos a agentes infecciosos, el diagnóstico laboratorial va a permitir, no sólo determinar el interés o no del uso de antibióticos y de la elección del fármaco más eficaz, sino poner nombre a un patógeno que normalmente ofrece estrategias de lucha específicas tales como la vacunación, la detección de portadores… En los abortos están implicados de forma habitual unos cinco o seis patógenos, tanto bacterianos como víricos y parasitarios. Para unos existe antibioterapia y para otros no, y para una buena parte de ellos existen vacunas, por lo que el diagnóstico laboratorial es imprescindible para elegir la estrategia de control.

Y en este caso concreto de los abortos, ¿cuáles son las muestras que deben enviarse al laboratorio para tener un diagnóstico exitoso?

En los abortos, los mecanismos de infección y desarrollo de lesiones son distintos según el microorganismo, por lo que la elección de muestras es importante de cara al éxito diagnóstico. Para el examen de Chlamydia abortus y Coxiella burnetii es importante disponer de placentas, mientras que para otras bacterias como Salmonella o Campylobacter u otros agentes como Toxoplasma o virus Border, el feto es también muy útil. En general, disponer de feto, placenta y sangre materna permite un porcentaje de diagnóstico bastante alto en caso de aborto infeccioso.

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