La gran revolución del sector ovino, y por añadido de los pequeños rumiantes, ya está aquí. Una visita a la explotación de José Luis Collantes, en la localidad vallisoletana de Aguilar de Campos, deja diametralmente claro que Lely ha llegado al ovino para favorecer la alimentación de precisión en las ganaderías, un aspecto especialmente importante en una situación como la actual, con continuas subidas de los costes de alimentación. La tecnología también contribuye a mejorar la calidad del trabajo en las granjas, facilitar la permanencia de la mano de obra y, por lo tanto, cambiar el modelo de producción de las granjas de ovejas lecheras.
A primera vista, la tecnología que la compañía pone al servicio de los ganaderos es llamativa, se podría decir que casi deslumbrante. Un robot de alimentación capaz de elaborar todas las raciones que sean necesarias en una granja, tomando de forma automática con sus pinzas los componentes necesarios en el almacén de la nave, para distribuirlos posteriormente en los diferentes patios, distinguiendo los lotes y proporcionando el alimento únicamente en las zonas donde es necesario porque la dosis anterior ya ha sido consumida por el grupo correspondiente.
Las ventajas de esta tecnología son evidentes. Se avanza de forma decidida en la alimentación de precisión, uno de los grandes objetivos de la producción ovina, dando a cada lote de animales la alimentación que necesita. La posibilidad de ofrecer alimento fresco con mayor frecuencia favorece la ingesta y permite ajustar las estrategias nutricionales a las necesidades de las ovejas. Y, por último, pero no menos importante, aumenta la calidad del trabajo, reduce las tareas manuales vinculadas a la alimentación y contribuye al bienestar de los animales y del propio ganadero.
La explotación de José Luis Collantes es la primera de pequeños rumiantes de España que ha puesto en marcha el Lely Vector. Con aproximadamente unas 900 ovejas adultas, a las que se debe añadir la reposición, la granja representa un ejemplo de cómo la automatización puede incorporarse a una explotación ovina para transformar uno de los procesos fundamentales de su funcionamiento diario.
Héctor Garcinuño, gerente de Lely Center Valladolid, destaca especialmente las posibilidades que ofrece el sistema para adaptar la alimentación a las necesidades de cada grupo. La precisión no consiste únicamente en distribuir una cantidad determinada de alimento, sino en ajustar las raciones a las diferentes situaciones productivas de los animales y disponer de información que permita afinar progresivamente el manejo.
“Las mayores ventajas son poder ajustar raciones individualizadas a cada uno de los grupos”, explica Garcinuño. A ello añade otra posibilidad fundamental: “Tener datos de la cantidad de ingesta que comen los animales y, a partir de ahí, poder ajustar las raciones a las necesidades de cada grupo”.
Esta combinación de automatización e información permite avanzar hacia una gestión nutricional más precisa. Poder organizar diferentes grupos y establecer estrategias de alimentación adaptadas a cada uno ofrece al ganadero una herramienta adicional para gestionar el rebaño.
El Lely Vector permite programar distintas raciones en función de la organización de la explotación. Los grupos pueden establecerse según criterios productivos y fisiológicos, con posibilidades de diferenciación entre ovejas de alta, media o baja producción, animales secos y grupos en preparto, entre otros.
Garcinuño pone el acento en la posibilidad de adaptar la alimentación dentro de una estrategia de precisión. Así lo explica el gerente de Lely Center Valladolid: “Si se tienen ovejas de alta producción recién paridas, se puede ajustar una alimentación más alta en energía durante un periodo de tiempo determinado”. La tecnología facilita así una gestión más flexible de la nutrición, con la posibilidad de modificar las raciones según evolucionen las necesidades de los animales.
Héctor Garcinuño, gerente de Lely Center Valladolid.
El objetivo es que la alimentación deje de depender exclusivamente de una rutina diaria para convertirse en un proceso más controlado, adaptable y respaldado por información. En este sentido, la automatización supone un avance importante para las explotaciones que buscan optimizar sus recursos y mejorar la organización del trabajo.
Hasta la llegada del robot, la explotación distribuía una mezcla en el ordeño y extendía los forrajes por los pasillos. Con el nuevo sistema, la preparación y el suministro se realizan de forma automatizada, y el robot comprueba la altura del alimento disponible para identificar dónde es necesario reponerlo.
“Lo bueno que nos permite el Lely Vector es que podemos cambiar la alimentación de un día para otro”, destaca José Luis Collantes.
La incorporación del robot en la ganadería de Collantes responde también a una necesidad muy concreta: facilitar el trabajo en la explotación y reducir la dependencia de la mano de obra para las tareas de alimentación.
El origen de la granja se remonta a varias décadas atrás, cuando el padre de José Luis comenzó con unas 200 ovejas. La explotación creció progresivamente hasta alcanzar aproximadamente un millar de animales. Más adelante, José Luis y su hermano asumieron el relevo y apostaron por modernizar las instalaciones y la organización de la actividad.
“O hacemos esto, lo ponemos bien, o las vendemos”, recuerda el ganadero al explicar la decisión familiar de dar un nuevo impulso a la explotación.
“Lo principal es la mano de obra. Lo que no tenemos es mano de obra aquí”, señala Collantes. La automatización permite que los trabajadores dejen de dedicar buena parte de su jornada a distribuir los forrajes, arrimar la comida y limpiar los pasillos, para concentrarse en el ordeño y la atención de los animales.
El propio ganadero resume el objetivo de esta transformación con una idea que va más allá de la eficiencia: “Más a gusto para nosotros, más a gusto para ellos”. Una visión que vincula la modernización de las instalaciones, el bienestar animal y la mejora de las condiciones laborales.
Para Garcinuño, la llegada de la automatización a los pequeños rumiantes puede abrir una nueva etapa en la evolución de las granjas. La combinación de alimentación de precisión, gestión de lotes y disponibilidad de datos ofrece oportunidades para avanzar en el control de la producción.
“Vamos a dar un salto grande en la producción. El modelo de producción va a cambiar”, afirma el gerente de Lely Center Valladolid, que apunta a la posibilidad de alcanzar picos productivos más elevados y mantener niveles de producción durante lactaciones más prolongadas.
La automatización también puede facilitar la gestión cotidiana al reducir la dependencia de horarios rígidos para distribuir la comida. Según Garcinuño, el sistema se puede programar incluso desde casa y gestionar mediante el teléfono móvil, lo que aporta flexibilidad al trabajo del ganadero.
La formación y el conocimiento de las posibilidades del equipo ayudarán a aprovechar todo su potencial. La experiencia de la explotación vallisoletana constituye un primer paso para acercar esta tecnología al sector ovino y mostrar sus aplicaciones prácticas.
Así funciona el Lely Vector: una alimentación automatizada y adaptada a cada lote
Todo comienza en la denominada cocina de alimentación, donde se almacenan los distintos ingredientes de las raciones. Una pinza recoge los componentes necesarios y los deposita en el recipiente del robot. La programación establece qué ingredientes y cantidades corresponden a cada mezcla.
Una vez cargado, el equipo mezcla los ingredientes. El tiempo de mezclado y la acción de la contracuchilla pueden ajustarse según las características de la ración y las materias primas. De esta forma, el sistema permite trabajar con diferentes formulaciones y adaptar la preparación del alimento a las necesidades de cada lote.
La distribución se realiza de forma autónoma. El robot recorre los pasillos y comprueba la altura del alimento disponible mediante un sistema de escaneado. En la explotación de José Luis Collantes, por ejemplo, se ha establecido un umbral de cinco centímetros. Cuando la altura media del alimento en un pesebre queda por debajo de esa referencia, el equipo identifica la necesidad de reponerlo.
Como explica Tamara Castro, asistente de gestión de granjas de Lely Center Valladolid, el robot no se dirige directamente a un pesebre sin comprobar antes el resto de puntos de suministro. Durante su recorrido reconoce las distintas zonas y determina cuáles necesitan alimento. Con esa información, organiza las siguientes operaciones y calcula las cantidades que debe preparar.
El proceso se completa con el arrimado del alimento, que lo mantiene al alcance de los animales. Así, el Lely Vector integra preparación, distribución y reposición en un único sistema, con capacidad para gestionar diferentes raciones y adaptar el suministro al consumo observado en los pesebres.
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